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Huerto comunitario de mujeres contribuye a mejorar la seguridad alimentria de sus familias
 
  • El Proyecto Piloto Agricultura Urbana y Periurbana, iniciativa de la Alcaldía de Tegucigalpa, capital de Honduras, con el apoyo financiero y técnico de FAO-PESA, demuestra impactos sociales y ambientales a corto plazo en apenas 6 meses de ejecución en terreno. La mejora y diversificación de la dieta, así como el esfuerzo del grupo para proteger la micro cuenca son algunos de ellos.

Tegucigalpa,mayo de 2011
Fuente: Isabel Ferrufino, PESA Honduras

Conocer la experiencia del huerto comunitario en La Montañita, ubicado en la periferia del sector conocido como Suyapa, en Tegucigalpa, departamento de Francisco Morazán, Honduras, deja en quienes lo visitan una sensación de alegría, se logra ver cómo el cosechar un huerto comunitario trasciende en sus efectos más allá de lo que reflejan las frías cifras: una verdadera mejora en la calidad de vida.

   

El grupo de "La Montañita", atendido por el proyecto Agricultura Urbana y Periurbana, está integrado por 15 mujeres, están organizadas y tienen edades muy variadas: desde Doña Ramona Zepeda con setenta y un años, hasta la pequeña Heidi Paola de escasos 8 años; ambas conocen lo que se tienen que hacer para contribuir a la seguridad alimentaria nutricional de sus familias. Tanto la abuela, como la madre y los hijos, trabajan y viven en armonía logrando una identidad como familia, pues todas tienen un común denominador: se sienten orgullosas del trabajo que han realizado e identifican las ventajas de hacerlo.

Los lunes por la mañana toca la organización de la semana. Bajo la coordinación de Dilcia Nohemí Mairena, una joven madre soltera de 34 años, se decide quién va a realizar las diferentes tareas. “Hasta los niños y niñas, cuando no están en la escuela ayudan, porque ellos ya saben cómo aportar y como abonar”, informó Mairena.

“Comemos verduras sanas, y nos ahorramos porque no compramos en el mercado", agregó. Para distribuirse la cosecha, ellas cuentifican la producción y las reparten en partes iguales entre las mujeres del grupo.

Los aprendizajes de este grupo de mujeres han sido muchos, desde el inicio del proyecto en septiembre de 2010, entre ellos a utilizar todas las partes de las plantas que cosechan.

”Antes no sabíamos que la hoja de rábano se podía comer y que tiene buen sabor, ahora aprovechamos más la planta. La hoja se muele con carne o se le agrega al arroz”, expresó.

Para la elaboración de sus comidas utilizan agua que es tratada en botellas pláticas de refrescos que ponen al sol, “este tratamiento del agua también lo aprendimos con el proyecto, además ahora podemos hacer almácigos hasta en botellas”, aseguró Leonor Amador, otras de las integrantes del grupo.

Doña Santos Leonora Amador, de 49 años, conmovió con sus palabras: ”Si hay tristeza, si hay enfermedad se me olvida cuando estoy en el huerto”. Este testimonio refleja que la actividad se ha convertido también en una especie de terapia ocupacional que ayuda a estas mujeres a mejorar sus estados de ánimo.

El aislamiento en el que vivían ha disminuido notablemente y la mejora de la comunicación en el grupo ha generado mayor solidaridad, pues expresan no tener ningún problema en la organización interna.

Otro ide los resultados del huerto comunitario es la posibilidad de capacitación, ya que debido a los escasos recursos de las mujeres en ese lugar, era prácticamente imposible obtenerla.

“A los jóvenes les gusta venir al huerto. Los domingos viene bastante gente entre las diferentes familias, se muestran orgullosos los frutos obtenidos y algunas hasta venden lo que les sobra”. Aseguró Miguel Godoy, propietario del terreno donde funciona el huerto comunitario.

Un gran problema: el acceso a agua

El huerto comunitario es regado con la misma agua que utilizan para el uso doméstico, es reciclado por medio de filtros para aguas grises, contribuyendo al ahorro del vital líquido, pues el caudal actual no es igual al que tenían antes.

“Existe peligro que la fuente se seque porque muchos de los pobladores del sector de Suyapa están deforestando la micro cuenca de la Montañita. Sacan cargas de leña a cada rato, nosotros los que cuidamos somos pocos, pero los que deforestan son más", expresó Maura Rodríguez Godoy, también integrante del grupo que trabaja en el huerto comunal.

El grupo ha intentado acercarse al Instituto de Conservación Forestal (ICF), pero solamente cuando está presente el ejército en la zona es que han mermado las talas y quemas, cuando los soldados se retiran vuelvan a extraer grandes cantidades de madera. “El problema es que en las oficinas de gobierno tienen vacaciones, y para la tala del bosque, no hay vacaciones”, dijo muy preocupado don Miguel Godoy.

 
 
 
 
 
 
 
 
 
   
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