El compromiso para reducir el número de personas en situación de inseguridad alimentaria fue confirmado por los países de América Central en 1996, durante la Cumbre Mundial sobre la Alimentación. Dicha responsabilidad se reafirmaría con la Declaración del Milenio en el año 2000, cuyo primer objetivo de desarrollo expresa la reducción a la mitad, en porcentaje, del hambre en el mundo, y con diferentes cumbres ministeriales y de Jefes de Estado en el marco del Sistema de Integración Centroamericano.
Para lograr cumplir con este compromiso, tres países de la región, Guatemala, Honduras y Nicaragua, iniciaron en 1999, con el apoyo técnico de la FAO y el financiamiento de los respectivos Ministerios de Agricultura y de la Cooperación Española, el Programa Especial para la Seguridad Alimentaria – PESA – en Centroamérica. El Salvador solicitó actividades en el marco de un PESA en 2004, iniciándolas en 2006, y los cuatro países cuentan con el apoyo metodológico y de coordinación de un componente regional, denominado PESA Centroamérica. En su fase inicial, los esfuerzos y recursos se centraron en tres ejes de trabajo: a) desarrollo agropecuario a través de la intensificación, diversificación y la conservación de suelos y agua que muestren que es posible el aumento de la oferta alimentaria de forma sostenible en agro-ecosistemas secos de ladera, con elevada presencia de población rural pobre y vulnerable a la inseguridad alimentaria y nutricional, b) sensibilización a todos los niveles, actuando también en el ámbito de la investigación, la formación, la capacitación técnica y la gestión de la información, c) fortalecimiento institucional, tanto a nivel local (planes de desarrollo local que incluyan la Seguridad Alimentaria y Nutricional como nacional y regional (apoyo a políticas e iniciativas de Ley), aceptando siempre los pilares básicos de disponibilidad, estabilidad, acceso, consumo y aprovechamiento biológico.
Siete años después, y en un momento en que los programas PESA se encuentran elaborando una actualización de su estrategia nacional y regional, basada en los cambios de contexto y en la experiencia adquirida, es pertinente compartir las principales lecciones aprendidas que todos los involucrados en los programas han ido señalando a FAO, desde participantes directos (familias beneficiarias) hasta responsables de políticas públicas, pasando por la AECI, los Ministerios de Agricultura, los propios técnicos y sus aliados responsables de la ejecución de los programas.
El objetivo de todos los proyectos y programas de desarrollo es contribuir a un cambio positivo en un contexto dado y en un tiempo determinado. Algunas veces, muchos de los elementos negativos de ese contexto tienen un carácter estructural, cuyo cambio necesita, entre otros, a) aunar muchos esfuerzos y b) realizar el esfuerzo durante un período prolongando, c) políticas públicas coherentes y, sobre todo, d) de voluntad política.
La Seguridad Alimentaria Nutricional (SAN) en Centroamérica no escapa a este análisis. Hay problemas estructurales de difícil solución (propiedad, distribución y uso de la tierra) o de difícil amortiguación (mitigación ante desastres naturales) que están contribuyendo a la persistencia o incluso aumento del hambre en la región. Además, retos recientes (DR-CAFTA, biocombustibles, regulación de inmigrantes en EEUU) necesitarán del esfuerzo de todas las fuerzas sociales para que no perjudiquen a los más pobres.
Algunas Lecciones Aprendidas: |