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Octubre de 2009
En los últimos tres años, la Región ha enfrentado una crisis alimentaria que ha reducido aún más el acceso a alimentos de millones de personas y ha desvanecido los avances logrados durante más de una década en la lucha contra el hambre, señala el Panorama de la Seguridad Alimentaria y Nutricional en América Latina y el Caribe , difundido por la Oficina Regional de la FAO.
El su edición 2009, el Panorama analiza las perspectivas para la seguridad alimentaria en la Región y sus factores determinantes para después
adentrarse en cómo los Gobiernos están reaccionando frente al complicado escenario. Finalmente, propone políticas públicas para contribuir a reducir la subnutrición y destaca las acciones de la FAO en respuesta a las crisis.
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Una nueva agenda para la agricultura
En esta crisis la agricultura y la seguridad alimentaria se han reposicionado en la agenda pública. Tres son las principales prioridades de la políticas pública en la Región: la dinamización del mercado interno de alimentos básicos, la gestión y manejo de riesgos –volatilidad de precios, riesgos climáticos y financieros- y el reforzamiento de los sistemas de protección social.
Los gobiernos de América Latina y el Caribe adoptaron varias estrategias para enfrentar las crisis. Buscaron, en un primer momento, controlar la inflación, proteger los sectores más pobres y aumentar la producción interna. Cuando empieza la crisis económico-financiera, el enfoque de los gobiernos cambia para lidiar con la contracción crediticia, la recesión y el consecuente aumento en el desempleo, así como con la caída en los ingresos reales por la desaceleración económica.
Los retos pendientes de las políticas públicas
El Panorama señala que la promoción de la seguridad alimentaria en la Región está directamente relacionada con el campo, donde se localiza la mitad de la población indigente de la Región. Al mismo tiempo, allí existe el enorme potencial de la agricultura pequeña o familiar, aún no explorado adecuadamente, sector que se constituye como un proveedor importante de los alimentos consumidos en muchos países, aunque tenga niveles de productividad más bajos que el sector agrícola exportador.
Según el Panorama, los pequeños productores podrían no solamente cubrir sus propias necesidades, sino también contribuir a mejorar la seguridad alimentaria y ser catalizadores de un mayor crecimiento económico. Para liberar este potencial, los Gobiernos -con el apoyo de la comunidad internacional- necesitan promover inversiones clave en agricultura, de forma que los agricultores familiares tengan acceso no sólo a semillas y fertilizantes, sino también a tecnologías adaptadas a ellos, así como a capacitación, infraestructura, financiación y mercados.
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