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El Estado de la Inseguridad Alimenaria en el Mundo 2009. Crisis Económicas: Repercusiones y Enseñanzas Extraídas (FAO) |
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Octubre de 2009
El estado de la inseguridad alimentaria en el mundo 2009 es el 10.º informe de situación de la FAO sobre el hambre en el mundo desde la
Cumbre Mundial sobre la Alimentación (CMA) de 1996. En el informe se
destaca el hecho de que, incluso antes de que se produjeran la crisis
alimentaria y la crisis económica, el número de personas que padecían
hambre había aumentado lenta pero constantemente. Sin embargo, el
inicio de estas crisis provocó el incremento pronunciado del número de
personas que padecen hambre en el mundo.
Como resultado de la crisis económica mundial, los países en
desarrollo están sufriendo disminuciones de las remesas, los beneficios de
las exportaciones, la inversión extranjera directa y la asistencia extranjera, lo que provoca la pérdida de empleos e ingresos. Esta pérdida de ingresos
se complica por los precios de los alimentos, que siguen siendo
relativamente elevados en los mercados locales de muchos países pobres.
Como consecuencia, los hogares pobres se ven obligados a consumir
menos comidas y alimentos menos nutritivos, reducir los gastos sanitarios y
de educación y vender sus bienes.
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A pesar de las dificultades financieras que afrontan los gobiernos de
todo el mundo, la inversión en agricultura y las redes de seguridad siguen
constituyendo partes esenciales de la respuesta eficaz que se debe dar para
reducir la inseguridad alimentaria ahora y en el futuro.
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La FAO estima que en 2009 hay 1 020 millones de
personas subnutridas en todo el mundo. Esta es la
mayor cifra de personas hambrientas desde 1970 y
significa un empeoramiento de las tendencias
insatisfactorias presentes ya antes de la crisis económica.
El incremento de la inseguridad alimentaria no es el
resultado de malas cosechas, sino de los elevados precios
nacionales de los alimentos, los menores ingresos y un
desempleo en aumento, que han reducido el acceso de
las personas pobres a los alimentos. En otras palabras, los
beneficios derivados de la caída de los precios mundiales
de los cereales se han visto más que contrarrestados por
el declive económico mundial.
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Para abordar la carga de las crisis consecutivas de
los alimentos y la economía, las personas pobres reducen la diversidad de sus dietas y el gasto en
necesidades esenciales, como la educación y los
cuidados sanitarios. Ya se pusieron a prueba los
mecanismos de adaptación durante la crisis alimentaria, y
ahora los pobres se verán obligados a recurrir aún más a
sus escasos bienes, lo que creará trampas de pobreza y
afectará negativamente a la seguridad alimentaria a largo
plazo. La mortalidad infantil aumentará y las niñas se
verán más afectadas que los niños.
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Un sector agrícola saneado puede amortiguar los
problemas económicos y de empleo en épocas de
crisis, especialmente en los países más pobres. No
obstante, las experiencias adquiridas en crisis económicas
anteriores sugieren que la inversión en agricultura podría
descender pronto. Se debe evitar dicha reducción para
que la agricultura pueda servir de motor del crecimiento y
de reducción de la pobreza y constituya un pilar a largo
plazo del enfoque de doble componente para luchar contra el hambre. La mayor inversión en agricultura en las
décadas de 1970 y 1980 ayudó en gran medida a reducir
el número de personas subnutridas. Junto con la
agricultura, se debe prestar la debida atención al
desarrollo del sector no agrícola en el medio rural, que
representa otra vía para salir de la pobreza y la
inseguridad alimentaria.
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Las intervenciones relacionadas con las redes de
seguridad deberían abordar el impacto inmediato en
las personas vulnerables y proporcionar al mismo
tiempo soluciones sostenibles para los problemas
subyacentes. En cuanto pilares de apoyo a corto plazo
del enfoque de doble componente, las redes de seguridad
deben permitir a los beneficiarios acceder más fácilmente
al crédito, así como a insumos modernos, y adoptar
nuevas tecnologías, lo que les permitirá dejar de
depender del programa de redes de seguridad. Para
alcanzar estos objetivos, las redes de seguridad deben
estar bien integradas en programas más amplios de
asistencia social. Se deberá prestar especial ayuda a las
personas pobres del medio urbano, ya que se vieron
gravemente afectadas por la crisis alimentaria y es más
probable que sufran el desempleo debido a la actual crisis
económica.
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El hecho de que el hambre estuviera en aumento
incluso antes de la crisis alimentaria y la crisis
económica sugiere que las soluciones actuales son
insuficientes, y que la adopción de un enfoque
basado en el derecho a la alimentación
desempeñará una función importante en la
erradicación de la inseguridad alimentaria. Para que
dejen de padecer hambre, las personas que sufren
inseguridad alimentaria necesitan tener control sobre los
recursos, acceso a las oportunidades, y que se mejore la
gobernanza en los ámbitos internacional, nacional y local.
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