Como el análisis de costo-beneficios contribuye
a validar y mejorar las Buenas Prácticas para la
Seguridad Alimentaria y Nutricional


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Desarrollo del estudio

El año 2004 está siendo un año de transición para el PESA, puesto que estamos embarcados en una serie de procesos técnicos y administrativos para pasar de proyectos piloto en varias comunidades a un programa extenso, cubriendo a 10 departamentos (de los 22 que tiene el país), y a más de 10,000 familias, con el objetivo de tener a más de 25,000 en un par de años.

Este proceso de expansión/ampliación de las actividades, de las áreas y del número de familias beneficiarias requiere de estudios específicos sobre temas clave para poder llevar Buenas Prácticas a un gran número de familias. Entre ellos podemos citar la revisión de las metodologías de extensión empleadas, el enfoque usado para fortalecer a las organizaciones de productores, la revisión y sistematización de Buenas Prácticas que hayan probado su replicabilidad (probadas en el campo, de bajo costo, bajos insumos externos, y baja demanda de tiempo) y el estudio económico de los costos-beneficios de las Buenas Prácticas que se quieren llevar a gran escala.

Este estudio, del que se anexa un resumen (en inglés) y cuyo informe final está en proceso de revisión, se convierte en una poderosa herramienta para analizar la viabilidad económica de ciertas prácticas agropecuarias, así como en un diagnóstico de ciertos elementos técnicos de cada una, lo que permite ajustar y mejorar algunos componentes que parecen no ser tan rentables.

Se han analizado cinco prácticas que se llevan a cabo en el departamento de Chiquimula y son las siguientes: producción y venta de semilla mejorada a través de la Asociación de Semilleristas de Jocotán (ASEJO), sistema agroforestal Kuxur Rum, módulos pecuarios de gallinas, invernaderos y la planta de producción de concentrado para pollos Can-Gua. Los análisis han considerado numerosos factores, entre ellos la valorización en términos económicos del trabajo que emplean las familias en el desarrollo de cada actividad.

Resultados

En general se ve que tanto la asociación de semilleristas, como el Kuxur Rum y los invernaderos son prácticas rentables, porque para el periodo analizado (cinco años) generan más beneficios que lo que cuestan. Los módulos pecuarios apenas generan un beneficio marginal, mientras que la planta de concentrado no es rentable. En estos dos casos, se observa que el alto precio de las materias primas (el concentrado y la soja) es un elemento clave en la determinación de la rentabilidad. Es más, en el caso de los Módulos Pecuarios, el análisis revela una alta sensibilidad al precio del concentrado y a la venta de los pollos en el mercado, lo que da indicaciones de cómo se puede volver esta práctica mucho más rentable (dejar que los pollos coman más en el suelo y más hierbas silvestres, y planificar bien los periodos de venta para hacerlos más rentables).

Con respecto a los costos iniciales, que en muchos casos pueden convertirse en un impedimento para su adopción por parte de las familias pobres, las semillas tienen un costo de inversión muy elevado, lo que dificulta que sea una práctica de amplia difusión (a no ser que se le acompañe de micro-créditos y financiación de apoyo). Por otro lado, el Kuxur Rum tiene un costo medio aunque sus ventajas medioambientales, físicas (evitar erosión y mejorar fertilidad) y económicas (los productos residuales que dejan los árboles no han sido debidamente valorizados) indican que es una práctica que bien puede ser llevada a gran escala con algo de apoyo inicial por parte de las agencias de desarrollo o el Gobierno. Invernaderos y Módulos Pecuarios son bastante asequibles para ser implementadas por las familias con escasos recursos. Debido a su bajo coste inicial y alta rentabilidad, los Invernaderos de tecnología sencilla se destacan como una de las Buenas Prácticas que ameritan una mayor difusión a gran escala, lo que coincide plenamente con la política general del actual Gobierno de Guatemala de promover una agricultura más intensiva vinculada al mercado.

Finalmente, se le ha dado un valor económico a las horas de trabajo que se emplean en cada una de las prácticas (en función del precio del jornal en el área rural) y se presenta una gráfica en la cual los costos por familia de cada práctica se descomponen en costos asociados al trabajo y costos de otro tipo. Ello nos da una idea de qué prácticas demandan más trabajo y, por tanto, son más difícilmente compatibles con otras acciones que buscan la diversificación de fuentes de ingresos (una estrategia muy común de las familias rurales pobres). Es decir, que en la búsqueda de diversas fuentes de ingresos y alimentos por parte de familias en inseguridad alimentaria, la promoción de prácticas que demandan mucho trabajo puede limitar el desarrollo de otras acciones y pueden, por tanto, no ser tan interesantes para las familias beneficiarias lo que limitaría su replicabilidad a gran escala. En este sentido, la producción de semillas demanda una gran cantidad de trabajo, seguida por el Kuxur Rum. Los invernaderos, los módulos pecuarios y la planta de concentrado requieren muy poco trabajo.

Conclusiones

En el caso de las semillas, puede observase que esta práctica requiere una gran dedicación de tiempo y trabajo, así como una gran inversión inicial, aunque se ve que es bastante rentable, y muy interesante por sus efectos indirectos y comunitarios. Por ello, creemos que es una Buena Práctica que debería replicarse a gran escala pero con sólo algunas familias por municipio, y seleccionando a familias pobres pero con activos (terrenos) y que sean líderes en sus comunidades. Difícilmente puede ser replicada con familias más pobres, aunque éstos pueden beneficiarse del hecho de poder acceder a semilla mejorada más barata.

El Kuxur Rum es una práctica un poco cara y que demanda cierto trabajo pero rentable y con unos efectos indirectos (y por tanto menos visibles) notablemente interesantes (leña, forraje, fertilidad, humedad suelo, prevención de la erosión) y que bien merecen su replicación. Sin embargo, habría que acompañarla de incentivos económicos y sociales que la hagan más fácilmente adoptable por los campesinos con menos posibilidades. En un reciente estudio en PESA Honduras se vio que las prácticas agroforestales están más extendidas entre las familias con más activos, y este resultado confirma y explica el porqué se da ese caso.

Los invernaderos aparecen en este trabajo como la práctica más barata, rentable y que menos trabajo demanda, por lo que se considera que esta Buena Práctica cumple todos los requisitos para ser llevada a gran escala, con miles de familias pobres, tanto pobres con activos como extremadamente pobres que vivan en zonas con potencial (carreteras y mercados).

Los módulos pecuarios, aún siendo baratos, no son tan rentables en su forma actual de implementación por lo que se recomienda su revisión técnica para encontrar alternativas que hagan más barato la alimentación de los pollos y que consigan mejorar la estrategia de mercadeo para que los precios de venta sena más altos.

Finalmente, la planta de concentrado Can-Gua no aparece en el estudio como una práctica replicable a gran escala, puesto que no es rentable, aunque como en el caso de las semillas, pueda ser una opción que, una vez revisada y reformulada, pueda ser interesante en algunas zonas con una problemática concreta. Sin embargo, la dependencia actual de insumos que son caros en el mercado hacen que su rentabilidad baje. Tal vez una mayor incorporación de productos locales y artesanales pueda hacer de esta planta una opción rentable.

De esta manera, se ha mostrado en el estudio como el análisis costo-beneficio de las prácticas que lleva a cabo el PESA Guatemala es un elemento fundamental para mejorar los aspectos técnicos de las mismas, y para asegurarnos de qué acciones redundan en un beneficio económico de las familias pobres y cuáles requieren una revisión y re-adaptación, con objeto de tener Buenas Prácticas que se puedan llevar de una manera eficaz a gran escala en la lucha contra el hambre en Guatemala.