No cabe duda: la peor consecuencia de la pobreza y la desigualdad es el hambre. Una sociedad, un sistema, que es incapaz de satisfacer las necesidades alimentarias de todos sus miembros, está muy cercano al fracaso absoluto, ya que los hombres y las mujeres con hambre no pueden cumplir con sus funciones labores eficientemente y los niños desnutridos de hoy no pueden aspirar a competir en igualdad de condiciones cuando sean adultos ya que la falta de alimento les disminuye su crecimiento físico e intelectual.
Honduras, con un 22 por ciento de desnutrición, solo superado por Guatemala que llega al 23 por ciento, incluso ha llegado a superar al que siempre ha sido considerado el país más pobre de Latinoamérica: Haití, que “solo” tiene un 18 por ciento de su población desnutrida, según los datos de la FAO. Al igual que Guatemala, Honduras en vez de disminuir su población desnutrida más bien ha visto como ha aumentado en los últimos años.
El problema del hambre en el mundo es tan grave que la FAO ha considerado que incluso su combate debe ser priorizado frente a la lucha contra la pobreza establecida en las Metas del Milenio. “Invertir en la agricultura para lograr la seguridad alimentaria” es el tema del Día Mundial de la Alimentación, que se conmemoró el lunes, pero también debiera ser el grito de batalla del gobierno, la sociedad civil y los cooperantes internacionales en países como Honduras, donde pese a la gran cantidad de recursos naturales (agua y tierras) y un clima favorable, irónicamente, es en el área rural donde mayores índices de desnutrición se registran.
Como en el caso de la pobreza extrema, que es más producto de la mala distribución de la riqueza que de la falta de recursos, el problema del hambre más que por la escasez de alimentos es causada por la forma desigual en que se distribuyen. Para el caso, según datos de la propia FAO , Latinoamérica produce tres veces la cantidad de alimentos necesarios para satisfacer a su población y es la mayor exportadora de alimentos del mundo, pero tiene a 52 millones de sus habitantes desnutridos.
Las imposiciones de los organismos internacionales de crédito de “cero subsidios”, la profundización del abandono de los productores agropecuarios por las preferencias gubernamentales hacia otros sectores como la maquila, son quizá los culpables más visibles de que países como Honduras en vez de avanzar en la lucha contra el hambre más bien estén retrocediendo.
En ese sentido, si el lema del Día Mundial de la Alimentación de este año, “Invertir en la agricultura para lograr la seguridad alimentaria” se lleva a la práctica, acompañado de distribución de alimentos a quienes en este momento no pueden acceder a ellos por sus propios medios; además de campañas educativas sobre nutrición e higiene, no es de dudar que en pocos años, Honduras bien podría presumir siquiera de estar avanzando en la lucha contra el hambre y no en un vergonzoso retroceso como ahora. |